Una cosa es lo que queremos y otra
es lo que es, la realidad, nos guste o no. Sabemos que una creencia es un
concepto, algo peligroso. Pongamos el amor a nuestro país -que es un
nacionalismo-. Sabemos que es divisivo, que genera conflictos con los otros
nacionalismos, que destruye el silencio, que puede llegar al enfrentamiento.
Pero cada vez que veo algo de mi país, la bandera, la manera de hablar, la
manera tan fácil de relacionarnos, me llena de emoción, de un sentimiento, que
me da placer, donde me siento identificado con los demás, a gusto y sereno.
Pero, la desgracia es que sigo estando dividido de mis vecinos que no sienten
lo mismo, porque son extranjeros, de otro sitio, y no vibran como yo, incluso
lo desprecian, lo infravaloran, no le dan ningún valor. Sólo de dan valor a su
país y sus maneras peculiares,
es lo que es, la realidad, nos guste o no. Sabemos que una creencia es un
concepto, algo peligroso. Pongamos el amor a nuestro país -que es un
nacionalismo-. Sabemos que es divisivo, que genera conflictos con los otros
nacionalismos, que destruye el silencio, que puede llegar al enfrentamiento.
Pero cada vez que veo algo de mi país, la bandera, la manera de hablar, la
manera tan fácil de relacionarnos, me llena de emoción, de un sentimiento, que
me da placer, donde me siento identificado con los demás, a gusto y sereno.
Pero, la desgracia es que sigo estando dividido de mis vecinos que no sienten
lo mismo, porque son extranjeros, de otro sitio, y no vibran como yo, incluso
lo desprecian, lo infravaloran, no le dan ningún valor. Sólo de dan valor a su
país y sus maneras peculiares,
Por todo ello, no hay cariño ni
afecto ni simpatía, no puedo hablar con ellos, sólo algún saludo cuando nos
cruzamos. Entonces, viendo todo esto que me provoca apego a mi país, a mi
nacionalismo, todo el peligro que hay en ese sentimentalismo hacia las
costumbres y maneras, viendo todo esto, decido descartarlo, porque me provoca y
altera y no tengo silencio interno.
afecto ni simpatía, no puedo hablar con ellos, sólo algún saludo cuando nos
cruzamos. Entonces, viendo todo esto que me provoca apego a mi país, a mi
nacionalismo, todo el peligro que hay en ese sentimentalismo hacia las
costumbres y maneras, viendo todo esto, decido descartarlo, porque me provoca y
altera y no tengo silencio interno.
Pero no es tan fácil, porque eso
está en lo más profundo de mí ser, de mis entrañas, está formando parte de mi
sangre, de mis emociones más íntimas, espirituales ya que en ello va implícita
la libertad. ¿Entienden el problema, el drama, la gravedad, que eso genera? Pero,
quiero ser libre, quiero tener ese silencio que también es un éxtasis de dicha.
está en lo más profundo de mí ser, de mis entrañas, está formando parte de mi
sangre, de mis emociones más íntimas, espirituales ya que en ello va implícita
la libertad. ¿Entienden el problema, el drama, la gravedad, que eso genera? Pero,
quiero ser libre, quiero tener ese silencio que también es un éxtasis de dicha.
Así que, si descarto el nacionalismo
me siento fragmentado de la realidad, de mi realidad, de lo que realmente soy.
Y si estoy dividido vuelve el desorden, la confusión, el ruido alterador. Por
tanto, no hago nada en ninguna dirección, simplemente estoy con eso que soy, de
manera que al no huir dejo de estar dividido. Y entonces llega el orden, que es
amor. Y ese orden y ese amor, es lo que van a generar lo nuevo, lo que nunca
antes la mente ha tocado.
me siento fragmentado de la realidad, de mi realidad, de lo que realmente soy.
Y si estoy dividido vuelve el desorden, la confusión, el ruido alterador. Por
tanto, no hago nada en ninguna dirección, simplemente estoy con eso que soy, de
manera que al no huir dejo de estar dividido. Y entonces llega el orden, que es
amor. Y ese orden y ese amor, es lo que van a generar lo nuevo, lo que nunca
antes la mente ha tocado.
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