Sin antes no descubrir cómo funcionan nuestras mentes, todos los problemas van a continuar. De manera que sí solucionamos completamente un problema, todos los problemas también quedan resueltos. Es como si uno estuviera jugando en una máquina traga perras y siempre ganara.
Cuando comprendemos que todo roce, con lo que sea, genera fricción, es por donde empieza el daño. Es cuando empezamos a ser compasivos con todo lo que existe, que todo cambia. Porque es mejor comerse una sandía entera que no reventada, es mejor -porque nos da más vida- no pegar y maltratar al perro porque así nos amará más todavía, ya que necesita amarnos pues tiene miedo a la vida y cree que nosotros somos su seguridad y salvación.
Y de ahí, cuando descubrimos que es el deseo de más y más velocidad para conseguir cualquier estupidez, es el que deteriora con el roce, la fricción, los golpes, mi cuerpo, mis bienes, mi ropa, mi reloj, mi ordenador, etc., cuando descubro eso, lo que genera mi mente que está temerosa, insegura, llena de deseos por no comprender la vida, no comprenderla a ella. Y de esa confusión, desespero, llega como una solución el ego, el 'yo', que actúa como un director interno -que parece una persona que está dentro de nosotros-. Pero como ese invento es lo mismo que su inventor, todo es una ilusión cuando creemos que sin un cambio para que los roces, la fricción, los golpes y los traumas desaparezcan, es cuando vemos que esa voz del ego es la división interna. Algo así como una patología, pues me hace destructivo, brutal, cruel, sanguinario e indiferente al dolor de los demás.
¿Que ocurre cuándo descarto mi división interna, cuando no hay ningún fragmento que quiere huir, acelerar, retener? Pues entonces, sin eso ego, sin ese 'yo', que es la patología, es cuando llega la inteligencia que es la mayor seguridad posible. Lo que quiere decir que es el momento menos destructivo. Y por tanto el más respetuoso con los animales, las personas, toda la naturaleza, todo lo que existe.
Así que todo el mal de la humanidad está en la división interna. Las personas más crueles, asesinas, que no les importa destruir todo, son las divisivas, con su racismo, su xenofobia, y pueden torturar a los animales porque creen que ellos no sienten daño. Y lo mismo hacen con las personas: creen que si las explotan, no se cansan: si se las maltrata no sufren espiritualmente, psicológicamente. Es decir creen que no son del todo humanos, y por tanto pueden hacer lo que quieran porque no tienen ningún valor.
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