¿Nos damos cuenta que
toda proyección, plan, nos deja dentro del ámbito del devenir, del esperar. ¿Y
qué esperamos sino algo que ya conocemos, y por consiguiente viejo, repetitivo,
el pasado?
toda proyección, plan, nos deja dentro del ámbito del devenir, del esperar. ¿Y
qué esperamos sino algo que ya conocemos, y por consiguiente viejo, repetitivo,
el pasado?
Mientras el pasado y el futuro estén, eso quiere decir que el ego está ahí
operando.
Y el ego, el 'yo', es el autor, el inventor, el director, de toda esta
estúpida, superficial manera de vivir. Lo que fatalmente nos lleva a la
división, al conflicto, a la guerra -ya sea pequeña, doméstica, como la que
destruye todo el tejido social, la vida de las personas, como la que echa
bombas y lo arrasa todo-.
Sólo cuando vemos lo que es, la realidad, y no lo que me gustaría que fuera,
que hay una posibilidad de ir más allá de toda esta desdichada manera de vivir.
No cambiara nada. Pero nosotros no estaremos en conflicto, divididos, sino
jugando el juego de la vida. Que es el juego que no tiene fin, que todo cambia
en un instante. De manera que el bien y el mal se confunden, haciendo una
unidad.
Hace unos días, una periodista en una estampida de los refugiados en Hungría,
le puso su pierna para que tropezara un padre que corría cargando en brazos a
un pequeño hijo, y cayó al suelo siendo filmado por las cadenas de agencia de
noticias, de televisión. Por lo que se emitieron por todo el mundo. Y como
resultado, un club de fútbol se ha encargado de localizarlo, traerlo a España
como refugiado, entregarle un piso para vivir y ofrecerle un empleo. Todo ello,
nada más llegar hace unos tres días.
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