No podemos enseñar a meditar; eso sería tanto como decir, cómo poder enseñar
a ver la belleza que tiene una nube, una hoja del árbol que cae al suelo, el
canto del pájaro en la madrugada, antes del alba, que nos avisa de su
inminencia. Todo eso no puede llegar a tener mediante instrucción alguna en un
papel, en la computadora, en charlas, conferencias. O, uno lo ve o no lo ve.
a ver la belleza que tiene una nube, una hoja del árbol que cae al suelo, el
canto del pájaro en la madrugada, antes del alba, que nos avisa de su
inminencia. Todo eso no puede llegar a tener mediante instrucción alguna en un
papel, en la computadora, en charlas, conferencias. O, uno lo ve o no lo ve.
Pues la meditación, que es el arte de ver los pensamientos cómo surgen,
salen, se desarrollan y llegan a su fin, sin huir de ellos ni alentarlos o reprimirlos,
ni tocarlos, tampoco se puede enseñar por dinero, ganancias, deseos de vanidad,
de prepotencia.
salen, se desarrollan y llegan a su fin, sin huir de ellos ni alentarlos o reprimirlos,
ni tocarlos, tampoco se puede enseñar por dinero, ganancias, deseos de vanidad,
de prepotencia.
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