lunes, 22 de febrero de 2016

Despertando Conciencias: Siempre con tu compañia

Despertando Conciencias: Siempre con tu compañia: Siempre Acompañado Quién alguna vez no dudó, quién alguna vez no titubeó, quién alguna vez no se sintió sólo, yo por lo menos sí, pero...









Él, eso que llamamos dios, es una
ilusión, una alucinación, una invención. El dolor nos azuza, nos pincha, nos
llena de dolor, nos lleva al borde de la locura, la miseria, de manera que uno
no puede soportarlo más. Y entonces, esa capacidad de la mente de crear, de
inventar, de imaginar, generó a algo más poderoso que nosotros, que sería capaz
de dominar y mandar sobre el sol, las tormentas, las nevadas frías, las sequías
abrasadoras; y ese algo que creó también era capaz de ir más allá de la muerte
de la nada insoportable; capaz de hacer toda clase de prodigios, de milagros,
favorecedores a nosotros, como curar enfermedades, durar muchos años,
proporcionar riquezas, hijos, cosechas, abundancia, todo lo necesario para
sobrevivir.

Pero, ese invento -dios- tenía un problema:  ni se le podía ver ni hablar
ni ir donde él estaba. Por lo que, todo lo relacionado con él pasó a ser
esotérico, oculto, supersticioso, cosa de fanáticos por demostrar lo indemostrable,
y sus desviaciones en paganismo e idolatría.
Somos lo mismo que hace medio
millón de años: desvalidos, vulnerables, supersticiosos, que nos impela a hacer
algo por eludir o paliar las miserias, enfermedades, el hambre, la sed, la
muerte implacable, sin remisión. Unos creen en ese dios, creador, capaz de todo;
otros no creen, porque cómo un dios todopoderoso no es capaz de crear y generar
una vida -nosotros los animales desarrollados o no- que esté exenta de
sufrimiento, de dolor, de amargura, de muerte.

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